Re-leer 25 watts: No hago una película de algo sobre lo que no estoy dispuesta a cambiar de opinión

domingo, 29 DE marzo DE 2020

 

No hago una película de algo sobre

lo que no estoy dispuesta a cambiar de opinión

 

 

Conversación sobre Mercedes Moncada

Por María Eugenia Rojas

 

 

Hace unos meses que vivo en la ciudad de México y por esas coincidencias de la vida conocí a Mer­cedes Moncada, cineasta documentalista. Luego de compartir algunas cenas y películas, me animé y le pedí que conversemos sobre su arte, el de documentar y filmar la realidad. La primera película suya que vi fue su más re­ciente producción Palabras Mágicas (para romper un en­cantamiento) del 2012.

 

La última película que hice es el documental Palabras mágicas, para mí es un documental muy importante –resal­ta Mercedes–, el resultado es un indicio de lo que estoy ela­borando a nivel creativo, reviso desde mi perspectiva lo que siento, con Palabras Mágicas estoy hablando sobre mí. Y es que Mercedes Moncada vivió hasta los 18 años en Nicaragua, fue testigo en primera persona del triunfo de la revolución sandinista y Palabras Mágicas se construye sobre la base de sus recuerdos sobre el país, la revolución y la transformación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que de­rivaron en la traición de su líder al espíritu de la revolución.

 

Tras haberse marchado en la adolescencia Mercedes Moncada vuelve a Nicaragua y filma El Inmortal en 2005, no es su primer documental pero es el punto donde iniciamos la conversación.

 

 El inmortal es una película dura, la más dura que he filmado; una película de posguerra tras la derrota de la re­volución sandinista. Yo crecí en la época de la revolución luego me fui y no viví el proceso en el que los mitos de la revolución se desmoronaron. Cuando regresé me encontré un escenario terrorífico, no solo habíamos perdido las elec­ciones y sufrimos una agresión por parte de los EE.UU., sino también hubo una guerra civil. El inmortal es el retrato de un país dividido en el que el FSLN cometió muchas atrocidades.

 

 

En 2009 Mercedes Moncada filma

La sirena y el buzo.

 

Cansada de la dura experiencia personal que signifi­có filmar El inmortal, cansada de las ideas que eran más grandes que yo y que no podía terminar de entender, cansada del estigma y del retrato incompleto que se te­nía de Nicaragua como el país de Somosa, Sandino y la revolución, quise hacer una película que tuviera que ver con esa otra Nicaragua: una región diversa en la que se hablan varios idiomas y se viven diferentes perspectivas de la realidad.

 

Entonces me fui para la costa y filmé el velatorio y el entierro de un buzo del que la gente decía había muerto porque lo tocó la sirena. En la costa atlántica de Nica­ragua vive la etnia Miskita, en su cultura las sirenas son como la pachamama, puede castigarte o favorecerte. A través de este hecho quise hacer un retrato de los miski­tos. Pero ¿cómo contar la historia de un pueblo mágico? La idea se resuelve a través de un cuento sobre la magia presente en la relación con la naturaleza y entre ellos; una historia que intrínsecamente muestra un universo mágico, en vez de gente que me habla de sirenas. Para el espectador este cuento de la realidad fue visto como una ficción.

 Como te decía, filmé al buzo cuando llegó a tierra y murió, y luego en el entierro, ahí empezó el guión.

 

 

¿Entonces el guión y la filmación son parte de un mismo proceso?

 

Normalmente filmo así. Realizo una investigación que me permite llegar a ciertas premisas que pueden romperse, no hago una película de algo sobre lo que no estoy dispuesta a cambiar de opinión, porque respeto muchísimo la realidad como para pensar que se va a aco­modar a mi cabeza. En general es mi cabeza la que se acomoda a la realidad, mi ideología, mi corazón, mi es­tómago se tienen que moldear con lo que va sucediendo y contando para ser honesta con los personajes. Para mí en el documental es importante la comunicación con las personas que son parte de él, para respetarlas y no im­ponerles una historia.

 

Entonces tomo una idea que voy desarrollando, la in­vestigación muchas veces forma parte del rodaje porque me da elementos de lo que quiero contar pero no me dice cómo lo voy a contar. Filmo en varias etapas, edito, rees­cribo y vuelvo a filmar. Solamente en la última etapa reali­zo un rodaje cerrado porque voy por cosas específicas.

 

Cada palabra de Mercedes me recuerda lo maravilloso que es el cine por la posibilidad de alcanzar un nivel más profundo de verdad –poética y misteriosa–. En este con­texto, recuerdo una reflexión que leí mientras preparaba las preguntas para la entrevista: “Hay dos razones por las cuales se hace un documental: la primera, para contar una historia que uno se sabe de memoria y quiere compartir. La segunda, para tratar de averiguar un secreto”. (Sandro Romero Rey, 2012). En el caso de Mercedes Moncada me parece que son las dos.

 

 

 ¿Por qué el documental y no la ficción?

 

Porque me interesan mucho las personas y las cosas que les suceden, me ha interesado mucho viajar y me ha dado mucha satisfacción hacerlo.

 

Pero ahora me está pasando que no quiero hacer do­cumental, creo que en general las sociedades están regre­sando a una época victoriana y me pasa que me encuentro (cada vez más) con gente que tiene ideas preconcebidas y muy poco dispuesta a dialogar y entender, algo funda­mental para comunicarse. En este momento no tengo una buena comunicación con la gente, ni deseos de que eso suceda. En esta pér­dida influye la situación social y políti­ca de la región, el país, la comunidad. Realidades tremendamente complejas que estoy afrontando desde una pers­pectiva solitaria: los cambios políticos, la violencia. Siento que estamos un poco perdidos y ahora mismo no me interesa hacer documental porque me falta esa comunicación fluida. Aunque espero que vuelva.

 

Pero sigo con ganas de filmar por­que me gusta mucho y sigo con ganas de darle imágenes a ideas; que no ten­ga buena comunicación con las perso­nas ahora no significa que haya dejado de pensar y de sentir; sigo pensando, sigo sintiendo de una forma más in­dividual y en este momento la ficción tiene más coherencia para mí.

 

Tan absorta estoy en su reflexión que cuando termina la frase y pregun­ta si tiene sentido lo que ha dicho, tra­to de balbucear una respuesta (¡ayú­dame Billy Holiday!), sin entender que era una pregunta retórica y quedo fatal. Para tratar de salir del mal paso pregunto algo que no tenía intención de preguntar y me olvido de mi guión. La pregunta improvisada sobre su rela­ción con el público en las proyecciones o en foros en los que participa parece demasiado obvia: se acercan a ella para conversar la gente que sintió empatía con su trabajo. Enton­ces hablamos sobre la falta de apoyo al cine independiente.

 

 El documental está secuestrado. El formato de las te­levisoras que pagan para generar contenidos y construir tendencias sobre cómo hay que hacer documentales res­ta presupuesto para la producción independiente. Al estar medio huérfanos de apoyo en la distribución, también se limita el acceso al público y a la capacidad de producción, (que actualmente está creciendo). Pero por otra parte al no tener el apoyo de la televisión tenemos la libertad de hacer películas a nuestra manera y sin ningún guión en particular. Por ejemplo cuando filmé La pasión de María Elena (2003) hice lo que pude y lo que quise, no tenía presión de ningún tipo. Por otro lado la falta de distribución –nuestro cán­cer– nos ha dado libertad de explo­rar nuevos formatos.

 

 Y es que la industria del cine, su maquinaria de promoción y distribu­ción tiene el poder de convocar masi­vamente al espectador, convenciéndo­nos de que todo lo que forma parte de la vida merece ser contado y represen­tado, imponiendo temas desde la fic­ción y al parecer también desde la for­ma de ver y concebir el documental.

 

 

Cuéntame ¿cómo ves el docu­mental?

 

Para mí el documental no es una réplica de la vida. Para recrear la reali­dad, aquella que interpreto a través de mi perspectiva y mi ideología, visualizo la historia, miro lo que quiero contar. Cuando lo capturo en imágenes, en planos, en los discursos, esa realidad no existe más porque la he deconstruído y la reconstruiré. El resultado se ve como aquello que fue mi experiencia de la realidad concreta, presentado en un orden específico para que ubique al espectador lo más cerca posible de lo que significó para mí esa vivencia.

 

Salgo de mi cita con Mercedes Moncada, me tomo un chaï y me ale­gro mucho de estar en el DF y de te­ner la posibilidad de ver más de este otro cine.

 

 

 

La filmografía de Mercedes Moncada se compone de los documentales:

La pasión de María Elena (2003)

El inmortal (2005)

La sirena y el buzo (2009)

Palabras mágicas (para romper un encantamiento) (2012)

 

 

 

Tomada de la revista de cine 25 Watts de la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.  No. 3 – Año 1 – Mayo 2014

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