Re-leer 25 watts: El policial como homenaje o cómo hacer una película con una novela de Miguel Donoso Pareja

viernes, 03 DE abril DE 2020

 

El policial como homenaje o cómo hacer una película

con una novela de Miguel Donoso Pareja

 

Dolce Vita

Por Eduardo Varas C. 

Fotografía de Juan Antonio Serrano "Barras bravas" 

 

 

 

De las tantas cosas que se te cruzan por la cabeza cuando te enteras de la muerte de alguien querido –más allá de haberlo leído, porque leer a alguien es conocerlo, de cierta forma– están esas ideas viejas que en algún momento se te ocurren y que las dejas ahí, descansando sin problema. Las ideas son en realidad un proceso de almacenamiento de información, que se activa cuando en el momento menos pensado algo las gatilla.

 

La muerte de alguien que admi­ras y quieres es un buen detonante.

 

Y hay algo en la obra de Miguel Donoso Pareja (1931 -2015) que siempre me ha parecido atractivo: su imposibilidad de no existir fuera del soporte literario. Miguel –como se le puede decir a un amigo– se plantó con firmeza en la literatura y decidió que ese mundo sea el suyo, por lo que gran parte su obra, en pocas palabras, se puede conside­rar intraducible a otros lenguajes, como el cine. Quizás alguna vez le debí preguntar si le interesaría que lo adaptaran al cine. A lo mejor si lo hice y si pasó, no recuerdo la respuesta. Pero eso no impide este ejercicio.

 

En 2001, Miguel Donoso Pareja publica La muerte de Tyrone Power en el Monumental de Barcelona y lo primero que pensé cuando escuché el título fue: “¡Demonios, yo vería una película que se llamara así!” Es más, solo por tener “Barcelona” en su nombre, toda la gente iría a las salas –atención productores de mi patria–. Y cuando leí la novela, me convencí aún más. Esta es la historia que puede generar un gran guión, una buena adaptación, que ningún cineasta decente podría mandar al demonio. Alguna vez dijo Paul Schrader: “Los guiones no tratan de otras películas, tratan de personas (…) El escritor debe mirarse a sí mismo y, por descontado, cuando escribes sobre ti mismo no sólo estás diciendo en qué eres distinto sino, y más importante, en qué eres igual. Porque al final, aquello en que somos iguales resulta más fascinante que aquello en que nos diferenciamos” (Mcgrath & Macdermott, 2003). Y en la novela en la que un ex crack del fútbol ecuatoriano trata de encontrar solución a su abulia y el inspector manaba con nombre raro que lo ayuda, hay mucho con lo que podemos identificarnos.

 

Porque hay una representación tan local en estos dos personajes, tan nuestra, que más allá de per­mitirnos un estudio sociológico sobre lo que es el ecuatoriano, nos enfrentamos a la desazón nacional como forma de ver la vida. Hay una historia, sin duda, poderosa, y Do­noso Pareja consigue poner nuestra idiosincrasia al servicio de un poli­cial. Pero un policial tan latinoame­ricano como atípico: la idea no es resolver algo, la idea es reconocer algo. Con eso en mente, y tomando en cuenta el estilo fragmentado de la novela –que va de un personaje a otro–, hay dos decisiones que se tomarían para hacer un guión:

 

Primero, que el ex futbolista Tyrone Power López –nombre más cinematográfico no puede existir– así como el investigador Clit Mairot –con nombre que hace referencia al clítoris y apellido que es una mezcla entre mamá y el Hércules Poirot de Agatha Christie– repre­sentan dos momentos del mismo ser: macho, misógino, incapaz de aceptar una derrota. Segundo, que visualmente esta debe ser una historia en la que el montaje paralelo, desde las primeras escenas, es la forma de mover las acciones. No se trata de un respeto burdo al estilo de la novela, se trata de una comprensión precisa sobre las dinámicas internas de la historia y cómo funcionan. Una adaptación es también un proceso de lectura, que debe arrojar luces.

 

Vuelvo a Schrader en este punto. Para él, escribir una historia para cine tiene una particularidad básica: “Nuestro negocio es el de la ropa sucia (…) Si tienes algún problema para sacar la ropa sucia y mostrarla, te has equi­vocado de negocio (…) Cuando descubres tu problema, piensa en una metáfora para él. Una metáfora es algo que ocupa el lugar del problema. No es como el problema, sino una variación del mismo” (Mcgrath & Macdermott, 2003). Ese problema en “La muerte de Tyron Power en el Monumental del Barcelona” es el exagerado rol de macho, que se decanta en lo peor. ¿La metáfora? La investigación de una infidelidad de Estela, mujer de Tyrone Power, quien contrata a Clit Mairot. Schrader es más preciso en esto: como guionista de “Taxi driver” su problema era la soledad y la metáfora es el taxi.

 

De ahí construiría a ese doble y único hombre en la historia: Clit Mairot y Tyrone Power López son extensio­nes de un mismo drama. Tendrán sus diferencias y hay que dejarlas en claro en las primeras páginas del guión, para que el espectador vea cuán parecidos son.

Hay algo que me interesaría agregar a esta novela: un personaje femenino fuerte. No por una conciencia de género o por reconocimiento de que Donoso Pareja fracasa en ese rubro. En realidad no me gusta conside­rar el rol de la mujer solo como el detonante –aunque este sea el rol que se le ha dado en un género como el policial–, pero sí como una especie de sirena que más que condenar al marinero, lo busca remover. Tiene que existir un personaje femenino que no sea evocativo, no solo la femme fatale, sino que determine mucho por sus acciones y deseos.

 

Así, con eso claro, me sentaría a leer la novela como si fuera un inspector. Tomaría notas, uniría escenas y diálogos de diferentes momentos, jugaría con la forma, respetando el espíritu, en general. Y para escribir solo se necesita el coraje para contar algo. Y ese algo ya está escrito y solo hay que darle a esas palabras que ya alguien pensó cuerpo en otro sitio.

 

Tomada de la revista de cine 25 Watts de la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.  No. 5 – Año 2 – Julio 2015

 

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