Re-leer 25 watts: “Cada gusto es una aberración” Sobre el documental Andrés Caicedo: Unos Pocos buenos amigos de Luis Ospina

miércoles, 08 DE abril DE 2020

 

 

“Cada gusto es una aberración”

Sobre el documental Andrés Caicedo:

Unos Pocos buenos amigos de Luis Ospina

 

Por Isabel Carrasco

Foto tomada por Hernando Guerrero.  A la izquierda se encuentra Carlos Mayolo, en el centro, Luis Ospina y a la derecha, Andrés Caicedo, durante una de las producciones cinematográficas para Caliwood.

 

La película del director colombiano Luis Ospina ini­cia, a manera de prólogo, con una mujer que mien­tras recorre las tropicales calles caleñas pregunta aleatoriamente a la gente que las habitan: ¿Usted sabe quién era Andrés Caicedo? Nadie parece recordar al escri­tor, crítico, cinéfilo, cine clubista y cineasta mítico de la movida de esa ciudad en los años 70. Y es que la memoria es frágil y eso es triste…

 

“Que nadie sepa tu nombre

y que nadie amparo te dé.

Que no accedas a los

tejemanejes de la celebridad.

Si dejas obra,

muere tranquilo,

confiando en unos pocos buenos amigos”

 

(Cita de Andrés Caicedo en su novela ¡Qué viva la Música!)

 

Luis Ospina fue ‘pana’ de Caice­do, es por esto que a esta película se la puede entender como un ejercicio que le permitió lidiar con el vacío que deja la muerte prematura de un pana. Unos pocos buenos amigos es sobre todo un sentido homenaje póstumo al amigo, pero también a quienes compartieron pedazos pequeños pero intensos de su vida.

 

El director nos propone un emo­tivo recorrido a través de doce capí­tulos, cada uno de los cuales devela varias facetas del personaje: Sus inicios en la literatura a los 9 años en los que escribe su primer artículo; su pasión por el teatro y su manera de lidiar con su tartamudeo en su ado­lescencia; su pasión por el cine que desemboca en la creación de Ciudad Solar el primer cine club de la ciudad; la escritura y rodaje de sus películas junto a Carlos Mayolo; Cali la ciudad violenta que Caicedo entendió lle­vando esa fascinación por el horror durante su corta vida; la publicación de su primera novela ¡Qué viva la música!; Andrés el tímido, Andrés el torpe, Andrés que se tomaba muy en serio a sí mismo.

 

Escuchamos los testimonios, el collage de puntos de vista, y nos que­damos por momentos con esa sensa­ción de que nadie nunca pudo decirle a Andrés lo que pensaban sobre él, su admiración, amor, cariño y amistad. Les faltó tiempo para dimensionarlo cuando estaba vivo y a él le faltó tiempo para seguir desarrollando su mirada sobre su generación y sobre su ciudad.

 

Andrés Caicedo, antes de su muerte a los 25 años, fue un devo­rador de películas, su inagotable producción crítica era admirable: Mientras dirigía el cine club en Ciudad Solar, escribía guiones de películas y críticas literarias (más tarde compiladas en El libro negro de Andrés Caicedo) también publica sus críticas sobre cine en varios diarios de la localidad y luego en un folleto/revista al que llamó Ojo al cine. Años más tarde el mismo Ospina junto a otro de sus amigos, Sandro Romero Rey, hicieron una recopilación de estas críticas y las publicaron en un libro también lla­mado Ojo al cine.

 

En muchas de sus críticas lo lee­mos afirmar como el cine le salvaba la vida constantemente, esta pasión se evidencia en su aproximación a las películas, en su interés en brindar al lector de una información que despierte conexiones en su cabeza más allá de la proyección de un fil­me. Su conocimiento sobre cinema­tografía se desarrolló por su avidez por verlo todo.

 

La concepción que Caicedo tenía sobre la crítica de cine está precisa­mente descrita en uno de los textos del libro: “La crítica es para mí un intento de desarmar, por medio de la razón (no importa cuán disparatada sea), la magia que supone la proyec­ción. (...) Siempre, de la crítica, me ha gustado lo insólito, lo audaz, lo irreverente, lo maleducado. Para esto sería bueno encontrar un método que universalice lo personal. Cada gusto es una aberración.”

 

29 años han pasado desde el es­treno de Unos pocos buenos amigos. Parece que finalmente Latinoamérica ha descubierto el legado de Caicedo. El escritor y director de cine chileno Alberto Fuguet, tras conocer su obra lo declaró su “hermano mayor” y publicó en el 2008 Mi cuerpo es una celda, autobiografía del caleño con dirección y montaje a cargo suyo. Fuguet sobre Caicedo:

 

“Andrés Caicedo es una suerte de Kurt Cobain literario y cinéfilo que es capaz de unir a los fans de André Bazin con los de Bob Dylan. Mientras García Márquez, el mismo año, se maravillaba con las mariposas amarillas, Caicedo se obse­sionaba con Travis Bickle y Taxi Driver

 

Ahora se escribe mucho sobre la obra de Andrés Caicedo, la adaptación al cine de su novela ¡Qué Viva la música! se estrenó este año en el festival de Sundance; el término Caliwood es parte de la mitología cinéfila de América Latina; el pasado agosto en el Festival de Cine de Toronto, Ospina presentó Todo comenzó por el final, un nuevo documental sobre aquella generación caleña.

 

Luego de ver nuevamente el documental me queda claro que al pana no sólo hay que recordarlo, hay que hon­rarlo, y por suerte para nosotros esos pocos buenos ami­gos de Andrés Caicedo, como Ospina supieron compartir con nosotros una voz, una mirada y una obra que de otra manera hubiera sido difícil conocerla.

 

¿Y usted sabe quién era Andrés Caicedo?

 

 
Tomada de la revista de cine 25 Watts de la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.  No. 6 – Año 2 – Diciembre 2015

 

 

 

 

 

 

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